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"El cine español sigue sin tener industria porque es muy malo"

De la miseria cubana al miserable español. Este sevillano, Manuel Benito del Valle, cineasta y consultor financiero, que ha cosechado un gran éxito con su filme «KnockoutKuba», critica cómo se conceden las subvenciones a Cultura en nuestro país


JAVIER MACÍAS / SEVILLA / FOTO: GAGO LOBATO

—«Knockoutkuba» trata sobre las viejas glorias del boxeo cubano que han caído en el olvido del régimen castrista. ¿Por qué este tema?
—Por mi amistad con el doctor Darsi Ferrer, un disidente cubano que hace unos meses salió de la cárcel, él estaba sacando un informe-denuncia sobre boxeadores que estaban en la miseria. Un informe que podría ser un guión de cine, y por el que le propuse hacer el documental. Fuimos a entrevistar al primero y nos dimos cuenta que era tan bueno el material que entrevistamos hasta once.
—Y siendo un filme contrarrevolucionario, ¿cómo consiguió grabarlo?
—Las entrevistas fueron un aventura. Grabamos en la clandestinidad. Escondíamos la cámara en una especie de saco de patatas, tenía que aparcar el coche lejos de la casa y llamábamos a la puerta diciéndoles que queríamos contar su historia. Excepto alguno que no accedió, el resto habló con una especie de resignación callada, aunque tenían ilusión porque hubiera alguien que se acordara de ellos. Las historias que nos contaban eran impactantes, boxeadores campeones del mundo, incluso, que por el amor a su patria rechazaban el salir del país para ganar más dinero.
—¿Y por qué han llegado a esa situación siendo hitos del deporte?
—La remuneración que tuvieron no fue grande tampoco en sus tiempos de gloria. Era puro idealismo. Cada dos por tres les ofrecían salir clandestinamente de Cuba para hacerse millonarios, que es el objetivo principal de cualquier deportista. Sin embargo, uno de los boxeadores que entrevisté —campeón mundial y oro olímpico—, contaba que su remuneración fueron unos 15 dólares... pero su felicidad venía de las cuatro letras: «Cuba». Lo que no se esperaban es que cuando dejaron de ser útiles a la revolución, se les condenó al ostracismo. Los únicos boxeadores a los que no pude llegar fue porque estaban trabajando con cargos políticos. El idealismo cubano en los 90 se acaba, y para evitar la salida de los boxeadores, empiezan a vigilarlos y proporcionarle buenos cargos. Pero ya no son los históricos de los 60 o 70.
—Habla de honorabilidad y lealtad pero, ¿hasta qué punto preferían vivir de la miseria a ser un desertor?
—Quitando a Félix Betancourt, que se arrepiente, el resto se mantienen en una resignación tan triste como heroica, al estilo de los soldados de Flandes, que lo dejan todo por su país y luego los olvidan. Para ellos no había conclusiones a posteriori, la palabra está por encima. Y así se lo han pagado. Como el caso de Jorge Luis Romero, que tiene parkinson porque Cuba no se rendía. No tiraba la toalla nunca. A este boxeador lo cogieron porque les faltaba uno y, aún retirado, luchó en la final del Mundial de Boxeo de La Habana con un venezolano que era el mejor de su peso de toda la historia. Le dio una tunda terrible, pero cada vez que se caía, se volvía a levantar. Esa pelea le causó la enfermedad. El hijo lo explica con otra perspectiva, sin ese idealismo. Es la generación del desencanto. El romanticismo cubano ha muerto.
—¿El documental ha granjeado algún problema con el régimen?
—Por la familia de algunos de los boxeadores sé que cuando se estrenó en Miami les dieron un toque, aunque ellos argumentan que en el documental hablan bien y que sólo cuentan la verdad. En mi caso, como lo único que funciona es la red del chivateo, entre que sabían que yo estaba haciendo algo con mi cámara, y por la marcha del 10 de diciembre por lo derechos humanos, me expulsan de Cuba, más por el pudor de mi embajada que por el propio régimen. Para Darsi, es un suma y sigue, aunque él no para de denunciar.
—Usted se muestra crítico con las subvenciones. Se declara un cineasta independiente...
—Desde hace muchos años yo en España no presento ningún proyecto ni por supuesto pido ningún tipo de ayuda a nada relacionado con la Administración Pública. Me da mucho asco desde el Ministerio de Cultura hasta el último instituto de cine. Son gente mediocre que funcionan con enchufes. Prefiero autofinanciarme. Y en esa línea, aunque hay excepciones, incluía a los festivales. Por mucha ilusión que me hiciese, yo no tenía intención de proyectar mi documental aquí, aunque me gustaba que mis amigos lo pudieran ver. Lo paradójico es que tengo un amigo que trabaja en el Festival, me convence y lo presenta por mí. Y la verdad es que me han tratado bien y sólo puedo decir cosas buenas del Festival. Porque, además de la ovación final, una hora y media antes se agotaron las entradas.
—Pero sin ayudas se limitará mucho el abanico de posibilidades...
—La Cultura se abre camino ella sola, sin ayudas. Pero si las hay, deben ser concedidas por gente preparadísima, grandes directores. No pueden estar en manos de canallas de la Junta de Andalucía que no saben hacer la o con un canuto. En el cine español sigue sin haber industria porque es muy malo, con excepciones fantásticas. Y no es culpa del pirateo. Mira, me llamaron del Archivo Andaluz de Cine, tras la proyección en el Festival, y me dijeron que podían incluir la película «porque había ganado premios internacionales» (el de Londres), porque ellos sólo incluyen películas financiadas por la Junta. Les dije que no registraba nada. Es una vergüenza. Seguiré haciendo películas con cámaras pequeñitas pero tengo libertad absoluta de credibilidad. ¿Sabes por qué? Porque si te dan una subvención no puedes hacer una biografía, por ejemplo, de un personaje como Aznar, que es una figura increíblemente maltratada.
—Y sobre la Sevilla de hoy, ¿qué tipo de filme harías?
—Aquí pega un thriller financiero político que levantara ampollas...

Fuente: http://www.abcdesevilla.es/20110115/cultura-cine/sevi-cine-espanol-sigue-tener-201101142316.html